Imágenes del mundo a través de mi lente

  • Blanco Icono de Instagram
  • Blanca Facebook Icono

Venecia se ahogada con el turismo masivo

 

Como cada año, Venecia supera el número de visitas turísticas por mar y tierra. Aproximadamente se calculan 30 millones de turistas cada año a los que hay que sumar sus 50 mil habitantes.

 

En 2013 la revista “Conde Nast Traveler” publicó un artículo en el que citaba que cada vez había menos residentes en la ciudad y se calculaba que para 2030 no habría ninguno de ellos. Por aquel entonces a los turistas se les denominaban “take away” aquellos que solo se enteran de donde han estado una vez que imprimen la foto y la tienen delante de sus narices. En mi opinión, este comportamiento ha ido incrementándose con la presencia de “influencers” en las redes sociales, cuyo objetivo o mensaje está más orientado en mayor o menor medida a ser de un viaje una carrera sin fondo , generando una necesidad inexplicable en los demás por ir a contra reloj y visitar el mayor número de lugares en un periodo corto de tiempo para generar contenido de imágenes, cuyo fin es captar más seguidores, pero a mi parecer, la gran mayoría no fomenta un turismo más humano en las ciudades que visitan. Y digo esto fundamentalmente por dos motivos reales, uno de ellos es el efecto “llamada” y el otro la desaparición de tradiciones, costumbres y folklore del lugar.

 

Cuando decidí ir a Venecia no lo hice por un motivo especifico ni pensando en una fecha concreta, pero para mi sorpresa, elegi ir en pleno carnaval. Al llegar a la ciudad, empecé a fijarme en las construcciones sobre el agua, el vaivén de los vaporettos y las góndolas usados como medio de transporte por turistas y algún que otro residente. Y lo que mayormente me sorprendió fue la cantidad de personas que había durante aquellos días. ¡Era apabullante!. Cada calle y puente por pequeño que fuera estaba atascado de personas que preferían esperar indefinidamente por una foto, antes que dejar circular la vía pública. Recuerdo la plaza San Marcos abarrotada de gente, tanto, que ni en semana santa me he sentido tan abrumada cuando he estado en Sevilla. Creo que quedarse atascada en un puente como sardinas en lata no es la mejor sensación del mundo y pienso que es la menos segura.
 

Cae la noche, la gran mayoría de turistas se marchan y dejan una estampa desoladora y melancólica de la ciudad y para quienes la visitamos y pernotamos en ella resulta un alivio, pero a la vez un trago amargo, porque al siguiente día vuelves a la rutina y eres parte de ese gran efecto “llamada” que produce el turismo de redes sociales cuando algo se pone de moda.

 

Otro aspecto que me llamó la atención fue el patrimonio cultural de la ciudad perdido en un “made in China” . Habían más de 50 tiendas de souvenirs y kioscos (los que pude contar en mi recorrido por Rio Terà Lista di Spagna); que tenían como primer artículo de venta, las máscaras venecianas y todas ellas hechas en el gran continente Asiático, por un módico precio de venta al público de 20€ aproximadamente, euro arriba o abajo depende de lo que quisieras. 
 


Pero no todo son malas anécdotas. Para mi suerte, pude conocer uno de los talleres de un “mascherer”, antiguo artesano fabricante de máscaras. Probablemente sea el último en la ciudad y desde hace 30 años este señor practica el oficio y hasta día de hoy lo mantiene y abre las puertas de su tienda a todo aquel que desee visitarlo. Empezó formándose en los talleres que había para este oficio y que actualmente no existen. Compartió una tertulia conmigo en la que me explicaba que una máscara veneciana tiene como material principal el papel maché, puesto sobre una base de piedra con el molde a preparar. Una vez sacado el papel del molde con la forma de la figura, se empieza un proceso de pulido muy laborioso con lija y un material aceitoso (del que no recuerdo el nombre exactamente); para dejar la superficie lo más limpia, plana, sin imperfecciones posibles y poder aplicar la creatividad libremente junto al arte de pintarlas y/o decorarlas. Todo esto lleva tiempo y horas de trabajo que tiene un precio y una elaboración artesanal incalculable. Además, ninguna pieza es igual a otra lo que la hace especial y única en el mundo.

 

 La oferta y la demanda hacen que el coste de mano de obra no se pague y se recurra a los souvenirs de plástico, provocando una perdida cultural y artística de la ciudad. Además del cierre de los últimos talleres y artesanos que conocen este oficio.

 

Todo este patrimonio cultural que hacía especial a Venecia se perderá en pocos años. El masivo desembarco diario de personas a la ciudad le resta protagonismo a su propia identidad y la deteriora cada vez más. Los comercios de grandes marcas abundan y los comercios pequeños desaparecen.

 

Después de seis años se sigue intentando luchar contra el “Overtourism” que precede a Venecia pero con poco éxito. A principios de este año publicaban en el periódico “La Vanguardia” que en Venecia se aplicaría una tasa de desembarco cuyo coste sería de 10€ para aquellos turistas que no pernotan en la ciudad. Desconozco si actualmente esta propuesta se está cumpliendo, pero quiero ser positiva y pensar que esto puede ayudar a disminuir el número de visitas a la ciudad para garantizar una mejor calidad de vida de sus locales y promover la cultura, tradición y arte que poco a poco ha ido perdiendo fuerza y deteriorando la identidad de la ciudad durante tanto tiempo.

 

 

 

 

 

Share on Facebook
Please reload